La vitamina D (calcifediol) es un nutriente básico para la salud de los seres humanos. Su función más importante es mantener los niveles sanguíneos adecuados de calcio y fósforo, necesarios para la normal mineralización ósea, la contracción muscular, la conducción nerviosa y el correcto funcionamiento de numerosos procesos celulares y metabólicos.

La principal fuente de vitamina D es el sol. Solo una pequeña parte proviene de la dieta, siendo relativamente pocos los alimentos que tienen de forma natural cantidades sustanciales de vitamina D.

El déficit de vitamina D tiene consecuencias importantes tanto en niños como en adultos. En lactantes y niños está estrechamente vinculado al raquitismo y en adolescentes puede propiciar un menor y retardado crecimiento. En adultos, aumenta el riesgo de perder volumen de estructura ósea, tendiendo a producirse episodios de osteoporosis por descalcificación, o también puede darse desmineralización ósea, lo que podría producir osteomalacia.

Por otro lado, también se cree que la vitamina D contribuye a un mejor estado de ánimo y en la prevención de enfermedades autoinmunes. No obstante, todavía no hay estudios concluyentes al respecto.

La realización de una simple analítica nos permite determinar la concentración de vitamina D en el plasma sanguíneo de una persona. Mayoritariamente, se acepta como nivel normal una 25[OH]D =30 ng/ml; nivel insuficiente entre los 30-20 ng/ml y nivel deficiente <20 ng/ml.